El SUV negro se deslizaba como una sombra más entre el río de luces y acero de la autopista de Queens. La burbuja de camaradería del jet se había disipado, reemplazada por el peso denso y familiar de la ciudad que los recibía. Carter, al volante, era la imagen de la concentración. Arthur, en el asiento del copiloto, tamborileaba los dedos contra la ventana, un signo de nerviosismo que no lograba ocultar.
Fue Carter quien rompió el silencio, su voz neutra pero cargada de una pregunta que todos t