La mañana llegó con la luz pálida de Nueva York filtrándose por las persianas del departamento, un sustituto pálido del sol glorioso de Alaska. Nick e Isabella se despertaron entrelazados, pero la sombra de la visita de Scott era una presencia tangible en la habitación silenciosa. Sin palabras, se aferraron el uno al otro por un largo minuto, respirando en sincronía, recuperando el terreno común que la ira del patriarca había intentado fracturar.
La ducha matutina fue un refugio de vapor y cont