Keydan estaba ahí, de pie en el umbral.
Se estaba secando el cabello oscuro distraídamente, frotándose con una toalla mientras éste goteaba ligeramente sobre sus hombros. Tenía el torso descubierto, aún mojado por la ducha, y solo llevaba puestos unos pantalones oscuros. Sus ojos recorrieron la habitación con esa intensidad depredadora hasta que se fijaron en mí. En un segundo, su expresión relajada se transformó en una máscara de pura furia contenida al ver mis ojos rojos y las mejillas mancha