Apenas llegó la noche, las risas de Ashley y Cloe rebotaban en las paredes del cuarto, mezclándose con el olor a laca para el cabello y un perfume dulce que empezaba a marearme. Cloe estaba concentrada delineando el ojo de Ashley como si fuera una cirujana, mientras Milena intentaba convencerme por quinta vez de que usara un labial más oscuro.
—Ayla, en serio, con ese vestido te verías letal; un poco de color no te va a matar —insistió Milena, agitando el labial frente a mi cara. Luego agregó c