La sala de conferencias del hotel Imperial estaba repleta de figuras influyentes. Empresarios, directores de prensa, inversores extranjeros y rostros del mundo político aguardaban el inicio de la presentación anual del Grupo L&R, el imperio que Leonard aún intentaba sostener con las manos ensangrentadas.
Isabella, impecable como siempre, lucía un vestido esmeralda entallado, el rostro maquillado con precisión quirúrgica. Caminaba como si nada pasara, aunque por dentro su pulso era un tambor de