Las paredes de la mansión De la Riva, residencia de Isabella, parecían encogerse con el peso del escándalo.
Desde que estalló el artículo falso y las pruebas de manipulación mediática salieron a la luz, las llamadas cesaron. Los socios evitaban hablar con ella. Su círculo social fingía no conocerla. Los mismos que antes la alababan como símbolo de elegancia, ahora la dejaban en visto.
Y Leonard… ya no la miraba con complicidad, sino con desconfianza.
—Esto no puede terminar así —susurró Isab