La mañana en el penthouse comenzó con un aire de quietud. Aelin había pasado gran parte de la noche repasando los documentos que Héctor Santillán le había dejado. Las cartas, los certificados y aquella fotografía de sus padres biológicos seguían extendidos sobre la mesa del estudio.
Apenas había dormido, pero no sentía cansancio. Había algo en su interior que la mantenía despierta: la certeza de que, después de tantos años, las piezas de su historia comenzaban a encajar.
Darian entró al estud