CAPÍTULO 32

Jasemin.

Todos se quedaron quietos.

—Ahora mismo…

La orden fue baja, pero los generales comenzaron a levantarse inmediatamente, porque nadie discutió, ni dudó.

Y en menos de un minuto la enorme sala empezó a vaciarse hasta quedar solo:

Haza, Soren, Aarón y yo. El silencio fue horrible mientras Aarón seguía sentado observándome, frío e inmóvil como una bestia esperando algo.

Yo todavía respiraba agitada por la rabia, entonces él habló.

—¿Terminaste?

Mis ojos se abrieron un poco.

—¿Qué?

—Tu discu
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