Jasemin.
Todos se quedaron quietos.
—Ahora mismo…
La orden fue baja, pero los generales comenzaron a levantarse inmediatamente, porque nadie discutió, ni dudó.
Y en menos de un minuto la enorme sala empezó a vaciarse hasta quedar solo:
Haza, Soren, Aarón y yo. El silencio fue horrible mientras Aarón seguía sentado observándome, frío e inmóvil como una bestia esperando algo.
Yo todavía respiraba agitada por la rabia, entonces él habló.
—¿Terminaste?
Mis ojos se abrieron un poco.
—¿Qué?
—Tu discu