Jasemin.
La noche en Babel tenía algo enfermizo.
No era silencio exactamente, era otra cosa. Un murmullo constante de antorchas crepitando, pasos lejanos, acero chocando en los patios inferiores y viento arrastrándose entre las enormes estructuras de piedra como si el reino entero respirara mientras dormía.
Yo no podía hacerlo.
Llevaba demasiado tiempo mirando el mismo punto del techo, atrapada dentro de mi propia cabeza, intentando arrancarme pensamientos que volvían una y otra vez como una ma