CAPÍTULO 31

Jasemin.

Babel no dormía nunca, incluso en la madrugada podían escucharse pasos, órdenes, acero chocando, caballos atravesando patios internos y soldados moviéndose como sombras debajo de las antorchas. Era un reino construido sobre poder… y el poder jamás descansaba.

Yo tampoco… Llevaba noches sin dormir bien, no desde ese momento en que se sobrepasaron los limites y permití que ese hombre me besara.

No desde que él me había arrastrado fuera del infierno con esa mirada oscura y esa voz brutal
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