Jasemin.
Las campanas comenzaron a sonar mucho antes de que el primer rayo de sol alcanzara las murallas de Babel, aunque todo el cielo parecía ser cómplice de lo que estaba sucediendo.
Las nubes se estaban tornando negras, y muy en el fondo podía ver rayos débiles.
No fue un sonido estridente. Fue lento, profundo y solemne. Cada campanada parecía extenderse sobre el inmenso reino como una herida que se negaba a cerrar, atravesando los pasillos del palacio, las torres de piedra y el pecho de qu