La mañana avanzó lentamente en la mansión Belmonte, pero el ambiente seguía cargado por lo ocurrido durante el desayuno.
Adrián permanecía encerrado en su despacho.
Frente a él, una carpeta con los contratos de la empresa seguía abierta sobre el escritorio.
Llevaba más de veinte minutos mirando la misma página.
Sin leer una sola línea.
Su mente volvía una y otra vez al instante en que Miranda había mencionado aquella cláusula del contrato con la empresa Müller.
¿Cómo podía saberlo?
No era una i