La pregunta de Adrián quedó suspendida en el aire.
Sara tardó apenas unos segundos en reaccionar, pero para él aquel silencio pareció demasiado largo.
Sonrió con dulzura, aunque por dentro el pánico comenzaba a apoderarse de ella.
—¿Miedo? —repitió, dejando escapar una risa suave—. Claro que no, Adrián.
Se acercó despacio y tomó sus manos.
—Lo que siento es preocupación.
Él la observó sin decir una palabra.
—Desde el accidente has tenido episodios de ansiedad cada vez que alguien intenta hablar