Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa mañana avanzaba despacio, apenas filtrándose una luz pálida por las cortinas. Eliot aún dormía, medio hundido en el lado tibio de la cama, cuando un estruendo lo hizo fruncir el ceño. Luego otro y otro. Suspiró, se incorporó, y escuchó por fin el caos: cajones abriéndose, perchas chocando, telas cayendo.
Con el cuerpo pesado por la noche larga, caminó hacia el vestidor.







