Capítulo 144. El Bambino Pazzo.
La habitación estaba bañada por la luz tenue de la tarde a través de las cortinas apenas abiertas. Seiya terminó de abotonarse el abrigo frente al espejo, con el cabello suelto cayéndole hasta la cintura y la cara lavada. Eliot le había pedido que se pusiera guapo, pero él no veía la necesidad. Solo iban por los víveres al pueblo.
Se acomodó el cuello del abrigo con los dedos todavía fríos.
—¿Ya estás listo, Bambino?
Levantó la vista. Su esposo estaba apoyado en el marco de la puerta.
—Sí, amor