Capítulo 142. El ruiseñor y la rosa.
El sol calentaba despacio y el viento movía los pétalos con pereza. Un colibrí volaba entre las flores. Sus plumas captaban la luz en destellos verdes y azulados mientras pasaba de una corola a otra, hundía el pico y bebía. El néctar era dulce y el vuelo era fácil.
Hasta que una sombra cruzó el cielo. El colibrí la sintió antes de verla, como un frío que no correspondía al clima. Levantó la vista y ahí estaba: el dragón azul, con las escamas brillando bajo el sol, planeando sobre el campo sin a