Minutos más tarde, en el altar de la capilla de la familia Howard, se podía ver la silueta de Theodore, quien vestía un elegante esmoquin color negro con una impecable camisa blanca.
La abuela Isabel debía reconocer algo, muy a diferencia de todos sus nietos, Theodore lucia feliz.
El hombre, hoy estaba radiante, era su primer nieto y el último en casarse.
Siendo honesta, al decir que, este nieto se casaba por amor, lo cual se notaba a leguas, pues la sonrisa dibujada en ese bello rostro, nad