La tarde era fría, las hojas de los árboles se podían ver por doquier. Theo miraba a la ventana mientras esperaba a que Robert terminara su llamada.
- ¡Listo! Mi querido señor Howard, ¿Quieres una o dos cucharadas de miel en el té? -dijo Robert levantándose de su asiento y dirigiéndose a donde estaba la bandeja.
Theo lo miró y sonrió, luego dijo:
- Dos cucharadas, por favor…
- ¿Así que por fin acepto?
- Florence…
- ¿Quién más? -preguntó Robert entregándole la taza de té.
- ¿Te molesta esto?
- No