Luego de verse arreglada y perfecta, Darla salió de aquel penthouse y se dirigió al elegante y lujoso restaurant donde había hecho una reserva para encontrarse con aquel hombre de apellido Meisel.
Darla iba molesta, pero debía tranquilizarse, pues, por como pintaban las cosas, ya no sabía qué seguía a futuro.
Al llegar al lugar, para su gran sorpresa, al preguntar por la mesa, la anfitriona le dijo que el señor Meisel ya se encontraba en el lugar y que había cambiado la mesa a una zona más pri