De vuelta en Los Ángeles, Heinrich se dirigía a la escuela donde estaba el hijo de Dayana. Aquella pobre mujer iba hecha un manojo de nervios, mientras él sostenía su mano, pues desde que salieron del hotel había notado que ella iba temblando.
- ¡Tranquila! ¡Todo estará bien! ¡Te lo puedo asegurar! -dijo Heinrich con calma.
Él conocía el mundo de la política; así como, el mundo de los negocios, él era un buen negociador, por lo que sabía que aquellas personas en México, no tendrían más que acept