Tras aquella larga noche llena de emociones reprimidas que por años no habían podido salir, hoy Dayana despertaba al lado de un hombre al que no conocía y no sabía si volvería a ver.
Al comenzar a moverse, sintió un ligero dolor que no recordaba haber sentido, sus piernas estaban ligeramente entumecidas y aquella zona íntima le recordaba lo bien que había cumplido con su palabra el hombre con el que hoy despertaba.
- Buenos días… -escuchó la voz gruesa y varonil de Heinrich.
Ella abrió los ojos