El hombre aún tenía un gran dolor de cabeza, pero, aun así, contra todo lo que quisiera y deseara, prefirió no hacer escándalos, prefirió no reaccionar, prefirió hacer lo que mejor sabía hacer, ver hacia delante.
Finalmente, descendió de las escaleras, ahí ya estaba Robert y los escoltas, esperándole con paciencia, sabiendo que bien podía o no, ser difícil llevárselo.
Para sorpresa de todos, él simplemente llegó delante de ellos y dijo:
- ¡Vámonos!
Mientras aquello sucedía, Anya, que se había qu