Theo llegó a casa y tal como en otros días, el silencio del lugar lo invadió. Lentamente, subió las escaleras, aún llevaba un nudo en el pecho, sentía que, por más que lo intentara, no podía más con aquello, no podía evitar sentirse un vil fracaso.
El gran duque Howard, había pasado por alto todas las señales, había permitido que alguien ajeno los lastimara. Patricia pagaría muy cara su ofensa, pero nada de ello devolvería él bebe que Anya había perdido.
Tan pronto como entró a la habitación, el