—¿Encontraste la fuente de la eterna juventud, Rojas? Exijo que me digas su ubicación.
Sara sonrió, toda rebosante de vitalidad y resplandeciente como una mañana de primavera. Ella traía la alegría de tal estación a las apagadas instalaciones policíacas.
—Debo admitir que tus halagos son bastante creativos. Es extraño que no tengas novia, compañero.
—Soy un hombre muy ocupado y también un poco mañoso.
Sara volvió a sonreír y él no dejaba de mirarla, sonriendo también. Tal era el aura que la