Eran pasadas las nueve de la noche cuando Sara cruzaba la sala de la casa de Misael camino a la escalera. El amargor del aroma a quemado la hizo desviarse a la cocina, donde el olor se mezclaba con el de la carne cocida y frutas de la estación.
Encontró a Misael usando un mandil y guantes de cocina. El hombre sacó una fuente del horno y la dejó en la encimera. El olor a carne y frutas se intensificó. En el lavaplatos, una olla ennegrecida se remojaba bajo un hilo de agua.
—¿Estás cocinando?
—N