El viaje a Génova fue un descenso emocional para Valentina. La ciudad portuaria, una vez un punto vital para la logística de la Costa Norte en el pasado, ahora se sentía cargada de un presagio oscuro. Viajaron en un tren de lujo, con la seguridad de la Bratva Italiana vigilando cada vagón.
Dimitri (alias Gabriel Volkov) se mostró silencioso y distante. Observaba el paisaje de la Costa Norte con una frialdad que Valentina reconoció como una furia contenida.
—Usted odia esta costa —afirmó Valentina, sin rodeos.
Dimitri no se molestó en negarlo. —Odiar es una palabra muy Vieri, Signorina. Yo no odio; yo cobro.
—¿Y qué está cobrando? ¿El patrocinio de mi galería?
—Estoy cobrando la verdad. Y la paz de su familia —dijo Dimitri, finalmente mirándola. Sus ojos, normalmente fríos, tenían una intensidad que la hizo temblar—. La paz se compró con una mentira, y Milán es la demostración de lo que vale esa mentira.
Valentina recordó el miedo en los ojos de sus padres y la declaración de Matteo so