La Inversión de la Mentira
El regreso a Milán marcó el inicio de la fase más peligrosa de la infiltración. Valentina ahora conocía el nombre del hombre que intentaba destruir a su familia: Dimitri, el heredero que juró proteger.
La revelación en Génova había cambiado el equilibrio. Valentina ya no era una peón ciega; era una jugadora que entendía las reglas del juego de la venganza, aunque no podía revelarle su conocimiento a Alessandro o Matteo sin desatar una guerra inmediata.
Dimitri, por su parte, endureció su control. No había más charlas sobre arte. Su enfoque era quirúrgico: la destrucción de la reputación Vieri en el establishment de Milán y la presión psicológica.
En una cena pública, Dimitri la obligó a discutir la moralidad de ocultar la verdad a los hijos para mantener la paz, un tema que hizo que la sangre de Valentina hirviera.
—La mentira de su padre no protegió la Costa Norte, Signorina —dijo Dimitri, brindando frente a un empresario influyente—. Solo aseguró su propia