Mundo de ficçãoIniciar sessãoNo auge da guerra do reino de Elyndor, durante um ataque sombrio guiado por forças ocultas, nasce Emma — filha da profecia, marcada pelo brilho da rara Lua Azul. Para protegê-la dos que desejam usar seu poder para mergulhar o mundo na escuridão, sua mãe, a rainha, ordena que ela seja enviada em segredo para outro mundo: o nosso. Criada sem lembranças de sua origem real, Emma vive uma vida comum, até completar 14 anos. Na noite do seu aniversário, durante uma nova aparição da Lua Azul, seus poderes finalmente despertam — junto com sonhos estranhos e visões de um castelo. Agora, Emma precisa reunir coragem para enfrentar a verdade: ela não é uma garota comum, mas herdeira de um trono, de um legado mágico que pode salvar ou condenar dois mundos. Para isso, terá que retornar a Elyndor, enfrentar seus inimigos e descobrir quem realmente é... antes que a Lua Azul brilhe pela última vez.
Ler mais“Estaba segura de que coincidir con alguien en un mismo lugar no era acoso, no pueden detenerme por eso, ¿verdad? Es solo una coincidencia. Aunque… Si ha pasado más de cinco veces consecutivas y con tu ex, ¿seguiría siendo una coincidencia?”
Awa
Hospital maternal
Niza, Francia
Soy una persona tranquila, confiable, sincera; siempre me ha gustado ayudar a los demás. Es más, ¡ayudo hasta a los cachorritos, gatitos y personas desamparadas y desprotegidas! ¡Lo juro! Y considero que mi vida ha sido muy buena hasta ahora, sin contar el momento en el que el idiota de Iván me dejó por otra mujer; estoy segura de que si me hubiese engañado con un hombre, no me hubiese dolido tanto. En ese momento, me perdí un poco. ¡Pero solo un poquito! Y hice cosas de las que no me siento muy orgullosa. Nada grave, por supuesto, cositas como romper el vidrio panorámico del coche del innombrable e imbécil de mi ex, porque la verdad es que el espejo retrovisor es muy pequeño, no es costoso y se consigue en cualquier parte, así que no valía mucho la pena.
Hice otras cosillas como cambiar la cerradura de su casa, enviarle a su trabajo una corona de flores de condolencia, escribir en el perfil de su nueva novia que ella era una Z... Con mayúsculas. Esa parte fue muy infantil, ¡lo reconozco!
¡Bueno!
Solo hice cositas varias y sencillas, como lo hace todo el mundo, como cuando uno está despechado. ¡Normal!
Por eso estoy segura de que esto que estoy haciendo en este momento no está mal, o bueno, sí, quizás, tal vez un poquito. Solo que en la vida todo es relativo y en mi relatividad pienso que no va a afectar a nadie, así que: ¡no está mal!
Aunque si Vico se entera, a lo mejor no estaría de acuerdo con esto. Va literalmente a matarme; es que le prometí que no volvería a caer, que sería fuerte y decidida como una amazona, y juro que hasta ahora lo he sido y he cumplido mi promesa como una girl scout, lo he hecho durante más de seis meses ¡Y he contado cada uno de ellos!
Es que todo lo que está pasando ahora es culpa de las redes sociales, las cuales, en un estado normal, detesto. O eso trato de pensar porque, en realidad, no sé cómo resistirme a ellas y, al final, sucede lo que acaba de pasar: terminé mirando en todas y cada una de ellas el perfil de Iván, el imbécil innombrable.
Y ahora estoy aquí en una estúpida clínica de maternidad, clavándome yo misma el cuchillo más adentro de una herida que todavía no ha sanado.
He descubierto que soy una completa adicta y lo peor es que no lo soy a las drogas, lo soy a él, a Iván, al hombre que me destrozó y me cambió por otra. Al final tendré que hacer lo que me ha dicho Vico: borrón y cuenta nueva.
El problema es que no logro encontrar un borrador de calidad que no deje manchas negras.
—¡Ten cuidado! —Unas fuertes manos me sostienen en el preciso momento en el que Iván se vuelve a mirar hacia el lugar donde estoy intentando esconderme.
¡Dios mío! Va a verme, se dirige directo hacia este lugar con su hermosa y grandiosa esposa embarazada.
¡Estoy en problemas!
—¡Espera! —Tomo de la mano al chico que ha intentado evitar mi caída, tiro con fuerza de ella y pierdo el equilibrio; mi cabeza golpea contra la pared.
¡Mierda!
—¿Qué haces? —El chico, que en realidad es todo un hombre, intenta zafarse del agarre de mis manos.
Van a pasar en este preciso momento por mi lado y la verdad es que, con mi vestido dorado y vaporoso, no creo que pueda pasar desapercibida.
¡Soy una pésima acosadora! Aunque, teniendo en cuenta mi perspectiva, no estoy acosando a nadie. Solo estoy aquí observando el paisaje.
—Lo siento, de verdad, pero es una urgencia —digo deprisa y llevo mis manos al cuello del chico, que en realidad es más alto de lo que pensaba. Me inclino para poder presionar mis labios contra los suyos, lo giro y retrocedo, pegándome contra la pared.
El chico, bastante impresionado, levanta sus manos para luego llevarlas hasta mi cintura en el momento en el que retrocedo, intentando separarse de mí y evitando caerse contra mi cuerpo. Duda unas milésimas de segundo, para enseguida tomar mi cintura con posesión y el beso cambia por completo.
Olvido por qué ha empezado; el sabor de sus labios me embriaga y por unos segundos pierdo el sentido de lo que estaba haciendo; mariposas vuelan en mi vientre hasta llegar a mi intimidad.
Pero, ¿quién es este chico?
—¿Necesitas algo más? —pregunta terminando con el beso; se pasa un dedo por su labio inferior y me guiña un ojo. —Gracias por el momento intenso e inesperado, pero el deber me llama. —Lo observo en ese momento y me quedo con la boca abierta.
El chico, que en realidad no lo es, porque es un hombrerón; aunque creo que eso ya lo había dicho. Lleva unos jeans negros y una camiseta gris y sobre esta tiene puesta una bata blanca, como de las que usan los médicos en las series.
¡Maldición! He besado a un médico de la clínica.
—Lo siento de verdad, era una urgencia —repito.
Busco con la mirada al imbécil innombrable; ya se me ha pasado el efecto del beso y ahora debo seguir con mis asuntos, o sea, persiguiendo a mi droga, mejor dicho, persiguiendo a Iván y principalmente admirando el paisaje.
—Ya me lo habías dicho —responde el hombrerón, mientras observo por primera vez sus intensos ojos azules.
¡Ay, Dios mío! ¿Son reales? Tan cristalinos que hacen un contraste sorprendente y magnífico con su cabello oscuro. Sin embargo, en este momento, no puedo distraerme, ni siquiera por los ojos más extraordinarios del mundo.
¡Iván!
—Vale, genial. Entonces estamos a mano —digo, intentando pasar por su lado, pero el chico se interpone en mi camino; hay una gran planta al otro lado que me obstruye el paso. —Debo irme, de verdad es…
—Una urgencia —dice y sonríe. Se está pasando de listo.
—Déjeme pasar o gritaré —respondo e intento salir de nuevo y en ese momento soy consciente del ruido que hace la gente al pasar por nuestro lado. Además de que estoy segura de que he perdido a Iván por culpa de este idiota —¡Quítate! —Mi paciencia, que no es mucha, se termina y grito como una loca, en medio del pasillo de una clínica de maternidad.
—¿Awa?
¡Maldición! ¡Esto no puede ser posible!
—¿Qué haces aquí? ¿Estás embarazada? —Me quedo mirando a Iván con la mente en blanco, tengo que decir algo ahora, ¡es urgente!
—Este… Nosotros estamos… —Tomo el brazo del chico, que intenta separarse de mí. —Nosotros estamos intentando tener un bebé, ¿verdad, amor mío? —digo mientras parpadeo, mirándolo con ojos de mujer enamorada, o eso espero.
—Soy ginecólogo, no tu pareja —responde el hombrerón y levanta las manos y se dirige a Iván. —No la conozco y no me interesa hacerlo —concluye, dejándome con la boca abierta.
En las novelas rosas que leo y en todas las comedias románticas, pasa todo lo contrario; los papasitos desconocidos siempre ayudan a las damiselas en apuros. Aunque yo no soy ninguna damisela, estoy en un apuro ni el berraco.
¡Maldito idiota!
Levanto mi tacón dorado con brillantina y con toda la delicadeza del mundo lo deposito sobre su pie.
—¡Mierda! ¿Pero qué diablos haces? Me has hecho daño —dice el chico que parece alucinado por completo, mientras cojea y se recuesta contra la pared.
—Gusto en verte, Iván —saludo a mi ex, sin prestar atención al médico idiota, y aprovecho el momento para intentar escapar, solo que hoy, todo indica que no es mi día de suerte.
—¿Iván? ¿Qué hace esta mujer aquí?
¡Lo que me faltaba! Ha llegado la esposa embarazada del idiota de mi ex.
—Esta mujer no puede estar tan cerca de mí, está violando la orden de alejamiento. ¡Nunca vas a dejar de ser una acosadora! —grita y yo solo pienso en que tengo que irme, no quiero tener más problemas. —¿Doctor Leroux? ¿También estás acosando a mi doctor? ¡Quiere hacerle daño a mi bebé! —exclama con voz quejica.
¿En serio va a llorar? Y además, ¿el chico es su doctor?
—Querida, tranquila. Todo va a estar bien. —Iván me dirige una fría mirada. —Voy a llamar a la policía —dice sin ningún tipo de compasión.
—Iván, te juro que no… —intento suplicarle, si llama a la policía, estaré perdida.
—Cállate, Awa. Cada vez estás peor —responde y veo cómo saca su teléfono del bolsillo—. No deje que se escape, doctor Leroux. —El chico, quien pasó de ser "el hombrerón" a ser “el doctor”, vuelve a bloquearme el paso y se cruza de brazos levantando una ceja.
—¿Acaso no trabajas? —le pregunto, bastante frustrada.
Vico va a estar furioso conmigo; el negocio no ha ido bien los últimos días y seguro tendré que pagar mucho dinero para no ir a prisión preventiva.
—¿Así de mal estás que tienen que llamar a la policía? —No puedo creer su atrevimiento.
Lo golpeo con fuerza en la mejilla en el preciso momento en el que Iván vuelve acompañado de un policía. Quienes normalmente no llegan a tiempo, pero como soy yo y hoy no es mi día, en segundos lo tenemos aquí.
—Esta mujer está loca. Ahora ha venido a atacar al médico de mi esposa —dice Iván.
¡Esto es un desastre! Vico me torturará antes de matarme con mucha lentitud.
Começo a despertar com uma leve carícia no rosto. A mão é macia e exala um perfume de lavanda — o mesmo aroma que senti ontem, antes de dormir. Me mexo um pouco; a mão se afasta rápido, com medo de me acordar, mas já é tarde demais.Meus olhos se abrem aos poucos, ofuscados pela claridade suave que entra pela janela. Demoro alguns instantes para me acostumar com a vista; quando finalmente me adapto, dou de cara com ela — minha versão mais velha. Aqueles traços já me eram vagamente familiares: há tanto tempo eu os buscava em meu reflexo no espelho, tentando encontrá-los em meus pais, e nunca os via. Por dentro, eu desconfiava, mas fingia não acreditar.— Olá — digo, depois de um tempo em que ela apenas me encara. Minha voz sai rouca, arranhada, por ainda estar entre o sono e a vigília.Parece que isso provoca algo nela — como se sua expressão estivesse em transe até aquele instante. As lágrimas escorrem intensas, densas, carregadas de dor que se transforma em soluços. Fico assustada; n
Até o momento, não vi os meus pais. Aiden informou que, quando cheguei, eles estavam retornando de uma longa viagem. Assim que souberam que ele iria me buscar, resolveram voltar o mais rápido possível. Eu não sei exatamente o que sinto em relação a eles. É tudo muito confuso. Tenho meus pais — as pessoas que me criaram, me amaram, me protegeram. E sei que hoje à tarde foi um divisor de águas, apesar de magoada, sei que faria o que puder por eles. Um ato de amor, mas também de dor. Eles sempre estiveram comigo. Em todas as minhas quedas, em todas as conquistas, nos meus dias bons e nos dias ruins. Cada lembrança que tenho de infância carrega o riso deles, o cheiro do café da manhã na cozinha, a forma como me cobriam à noite quando eu esquecia. Como posso simplesmente trocar isso por rostos que não conheço, mesmo que compartilhem meu sangue? “— Ursinha, você tem que chamar a gente pelos nossos nomes a partir de agora… ou de tios. Não entendi quando disseram isso. Cada palavra parec
— E meus pais biológicos? O que aconteceu com eles — perguntei, sem aguentar: falaram de tudo, menos deles. — Não vieram com você para me proteger também? — Ah, eles estão loucos para te ver, estão aguardando no Reino Elyandor. Eles queriam vir, mas não deixei — diz ele, bem firme. — Por quê não? — Minha voz sai fraca, como se qualquer esforço a mais me fizesse desmanchar novamente. — Emma, olha para mim — Olhei na sua direção. — Esse mundo é frágil, nossos poderes não funcionam corretamente, mas quem quer te fazer mal é muito; não conseguiria te proteger **e** aos seus pais ao mesmo tempo. — Entendo. — Na verdade, não entendia nada; só estava cansada. Meus pais não são meus pais — mesmo assim, eu os amo muito. Sei que não vou deixar de amá-los, mas estou tão chateada neste momento. Minha melhor amiga sabia de tudo; me machuca ainda mais. Eu nunca escondi nada dela; pensei que seria recíproco. Aparentemente, ela também é minha guardiã, junto com meus tios. É tudo tão confuso. — Po
Ele sorri, suave. Seu manto azul brilha à luz das velas que não existem ali, mas a impressão é essa. Sua presença é quase sobrenatural, como se iluminasse o quarto inteiro sem que a luz tocasse nada. E ele diz apenas: — Olá, Emma. Finalmente. — Quem é você? — é tudo que consegue sair da garganta, seca e trêmula, a voz falhando sob o peso do choque. O coração parece martelar dentro do peito, como se quisesse escapar, e a mente se recusa a aceitar o que vê. Pisco, tentando afastar a sensação de estar delirando. Ele parece banhado por luz de velas, mas não há velas, e ainda assim a impressão é real demais para ser ignorada. — Vocês ainda não contaram para ela? — a pergunta dele é um choque que puxa Emma de volta para a realidade, obrigando-a a encarar seus pais. Os olhos deles estão arregalados, uma mistura de medo, culpa e algo que ela não consegue decifrar. — Mãe? Pai? — chama-os, a voz quase sumindo — o que está acontecendo? Alguém pode me dizer? — Ela percorre o olhar por tod
Último capítulo