MATEO:
Había bajado las escaleras con la intención de servirme un whisky y tratar de sacar de mi cabeza la imagen de Emma en la piscina, en la fiesta, en cada maldito rincón de esta casa. Pero me detuve en seco antes de llegar al último peldaño. El aire en el salón no era el de una noche tranquila de verano; era el aire cargado de electricidad antes de una tormenta devastadora.
Escuché la voz de Emma. Estaba entrecortada, vibrando con una furia que no era la de sus piques conmigo. Esta era u