Lo besé porque lo necesitaba. El calor de su boca para recordarme que estaba viva, en la realidad y no viviendo dentro de una pesadilla. Aunque sí lo estaba haciendo.
Me le colgué del cuello, me encantaba sentir todo su cuerpo pegado al mío, olerlo, tocarlo. Pero más que nada, me gustaba sentir cómo sus brazos se cerraban sobre mí y me apretaban con fuerza.
Me hacía sentir segura.
—Defendiste a Isabella —me dijo, besándome el cuello—. Te jugaste la vida, Victoria. ¿Por qué?
—Porque era lo que t