Casa blindada

Antes de que Victoria o Isabella se despertaran, ya sabía que tenía que hacer algo más. No podía quedarme ahí sentado esperando a que todo se fuera a la mierda.

Me serví el último trago de whisky que quedaba en la botella. Me lo tomé despacio, sintiendo cómo me quemaba la garganta y me bajaba hasta el estómago como fuego líquido. Era lo único que me mantenía cuerdo en ese momento.

Me puse el saco, abrí la puerta del despacho y salí hacia el jardín. El aire frío de la madrugada me dio una cachet
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