Paulina
Rupert apareció justo cuando yo aún abrazaba a Max con el corazón latiéndome fuera del pecho.
Entró casi corriendo, desesperado. Se detuvo al ver el cuerpo de Tatiana tirado en el suelo y luego me miró a mí, con los ojos tan grandes como su culpa.
—Señora… yo… —tragó saliva—. Le fallé.
Lo dijo con un tono tan quebrado que no me hizo falta mirar dos veces para saber que de verdad se odiaba por no haber estado. Se arrodilló a mi lado, revisó a Tatiana con rapidez, y luego me miró de nue