Sofía
Iris estaba cada vez más débil.
La fiebre no bajaba, y cada minuto que pasaba me parecía un acto cruel del destino.
Estaba exhausta, mental y físicamente, pero no podía dejarme caer. No todavía. Ella me necesitaba. Paulina también. Aunque no me lo pidiera.
Me acerqué al puesto de las enfermeras, con la intención de pedir algo más fuerte para controlar la fiebre, o al menos que revisaran su última medicación. Estaba por hablar cuando lo vi.
Lucas.
Apareció en el pasillo como si el tiempo