Max
Me disparó.
El amor de mi vida no dudó en apuntar y jalar el gatillo.
Sentí el impacto más allá del chaleco. Un golpe seco y brutal. El aire se me fue del pecho y caí al suelo como si todo el peso del mundo se hubiera concentrado en ese instante.
Me traicionó… no.
No.
Esto tiene que ser un error.
El costado ardía como fuego líquido. Sabía que el chaleco había detenido lo peor, pero aún así… sentía el calor de mi propia sangre deslizándose por debajo de mí. El metal, aunque no me mató, dejó