Paulina
Pierre caminaba a mi lado con la mano en mi espalda baja, como si me guiara… o más bien, como si me exhibiera.
Yo vestía un conjunto color marfil entallado, mi cabello recogido en un moño impecable y tacones que me hacían ver más alta, más segura. O eso aparentaba.
No era la Paulina de antes.
Y ellos lo notaron.
—Señora Moreau —dijo uno de los socios de Pierre, levantándose para saludarme—. Un placer volver a verla.
—El placer es mío —respondí, dándole la mano con firmeza y una sonrisa