Capítulo 47: Dámela

Paulina

—Paulina... —escuché su voz antes de que lo viera—. ¿Todavía estás aquí?

Max estaba en el umbral, descalzo, en pijama, con el pelo alborotado y esa mirada que siempre me hacía temblar las piernas.

Volteé hacia él, con la garganta hecha un nudo.

—Tu computadora... —murmuré—. No fue a propósito. Solo vi el ícono... y...

Me detuve.

No podía hablar sin que la rabia me estrangulara.

Él se acercó despacio. Se paró frente a mí. Miró la pantalla y suspiró.

—No tenías que ver eso. Yo iba a cont
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