Paulina
—¡La encontré! —sollocé, sintiendo que las palabras querian salir atropelladas de mi garganta—. ¡Encontré a mi hija, Sofía!
Flashback
Desperté envuelta en el aroma de su piel.
Las sábanas aún conservaban el calor de su cuerpo, y por un segundo, me ilusioné con la idea de girarme y encontrarlo ahí. Pero no. La otra mitad de la cama estaba vacía.
Sobre la almohada, doblada con cuidado, una hoja blanca.
La tomé con torpeza, aún adormecida por la madrugada intensa que habíamos compartido.