Paulina
El auto se detuvo frente al gigante edificio de fiestas, iluminado como una postal perfecta.
Las luces, la música clásica filtrándose desde dentro, la gente moviéndose, ansiosos por entrar a esa pequeña parte de la sociedad que tanto tenía.
Todo era tan... irreal.
Apreté la cartera contra mi costado, usándola como un escudo. Aunque estaba segura de que ya no lo necesitaba.
—¿Está segura, señora Salazar? —preguntó mi asistente, una mujer de cabello oscuro y traje negro.
Su voz era firm