Max
Entré a la casa principal pasadas las seis.
Me saqué el saco mientras caminaba hacia la cocina, intentando soltar un poco la tensión de las últimas horas. Tenía la mente en mil cosas, pero una se repetía por encima de todas: Paulina.
Al llegar, vi a Sofía en la cocina. Me crucé de brazos contra el marco de la puerta y la observé un segundo en silencio.
—¿Y Paulina? —pregunté.
Sofía levantó la vista con una pequeña sonrisa, sin dejar de hacer lo que estaba haciendo.
—En su habitación —resp