Paulina
Llevaba puesta la lencería que había elegido esa mañana con Sofi.
No podía borrar la sonrisa tonta en el rostro.
En ese momento, no sabía si de verdad me atrevería a usarla... y ahora... estaba delante de él, vestida de una manera que nunca creí mostrarle a nadie.
Max tragó saliva. Lo vi. Y eso me hizo sentir poderosa. No porque él me deseara, sino porque me miraba con una mezcla de asombro, respeto y algo más. Algo cálido.
—¿Estás segura? —preguntó, con la voz más ronca que nunca.
A