Max
Llegamos a la mansión en tiempo récord.
La camioneta apenas se detuvo cuando Paulina y yo saltamos de ella. Corrimos por el camino de piedra como si el suelo estuviera en llamas. Nadie dijo una palabra. Todos sabían a dónde íbamos.
A abrir esa maldita caja.
—¡Lucas! —grité mientras subía los escalones de dos en dos—. Tú, Yina y Sofía a la oficina ahora mismo. Los demás que continúen con la búsqueda.
—Sí, señor —dijo, comunicándose por los auriculares con los demás hombres.
Apenas llegué al