El caos se desató en la sala de espera del hospital como un tsunami de noticias y especulaciones. La televisión, que antes solo era un murmullo de fondo, se había convertido en el centro de atención de todos los presentes. Los titulares se sucedían uno tras otro, cada uno más alarmante que el anterior: «El imperio Montesinos se tambalea», «Los inversores retiran sus fondos», «¿El fin de una dinastía?». El teléfono de Vanessa no dejaba de sonar, y cada llamada era un nuevo frente de batalla que