El teléfono de Marcos sonó en su celda a las seis de la mañana. No era una llamada normal. Era una llamada cifrada, de esas que solo los presos con contactos en el exterior podían recibir, protegida por varias capas de encriptación que solo los mejores hackers podían vulnerar. La voz al otro lado era baja, urgente, como la de alguien que sabe que cada segundo cuenta y que el tiempo se agota.
—Señor Álvarez, tengo noticias. La operación de Ignacio Montesinos ha sido un éxito en términos médicos,