Javier llegó a la casa de Héctor a las ocho de la mañana, como habían acordado. Liam lo esperaba en la puerta, con la mochila a la espalda y la tablet en las manos. No parecía nervioso, pero Javier notó que sus dedos se movían sobre la pantalla con una velocidad que delataba su inquietud. Llevaba puesto su traje gris de ejecutivo en miniatura, el que usaba para las ocasiones importantes, y las gafas azules firmes sobre la nariz.
—¿Listo? —preguntó Javier, abriendo la puerta del coche.
—Listo —r