La puerta se cerró tras Ignacio con un golpe que resonó en el pasillo vacío. Cada paso que daba hacia el ascensor era un latido menos en su pecho, una certeza más de que la mujer que amaba ya no era suya. Había visto la forma en que Vanessa se había interpuesto entre él y Javier, la manera en que sus manos habían tocado el brazo de Javier para contenerlo, la protección en sus ojos cuando miró a su rival. Y eso había sido muy doloroso.
El ascensor se abrió. Entró sin mirar atrás, sin querer ver