La imagen de Vanessa besando a Javier se repetía en su mente como un disco rayado, y cada repetición le arrancaba un pedazo de alma. Recordaba la forma en que ella se había acercado a Javier, la manera en que sus labios se habían encontrado, la frialdad en sus ojos cuando le había dicho que ya era tarde. Y cada detalle era una puñalada que se clavaba en su pecho con una precisión quirúrgica.
Se quedó sentado en la oscuridad de su salón, con las manos apoyadas sobre las rodillas y la mirada fija