El salón principal del Fontainebleau era un hervidero de conversaciones y risas disimuladas. Las arañas de cristal proyectaban destellos sobre los asistentes, que se movían entre las mesas redondas cubiertas de manteles blancos. Ignacio había logrado esquivar la mayoría de los saludos protocolarios, pero su mente estaba en otro lugar. La inquietud que lo había acompañado desde la mañana se intensificaba, como si un sexto sentido le advirtiera que algo estaba a punto de ocurrir.
Vanessa, a su la