La noche cayó sobre Miami con una lentitud engañosa, como si el mismo sol se resistiera a desaparecer detrás del horizonte. Laura y Marcos habían pasado las últimas horas encerrados en el motel, trazando cada detalle del plan con la meticulosidad de cirujanos que saben que un solo error puede costar la vida del paciente. No era un paciente lo que operaban, sino una mentira. Y las mentiras, como los tumores, necesitan ser alimentadas con cuidado para que crezcan sin ser detectadas.
El teléfono d