La alianza entre Liam y Héctor se consolidó en los días siguientes como un pacto tácito, una complicidad que ninguno de los dos necesitaba verbalizar. El anciano visitaba al niño casi a diario, siempre con una excusa diferente: un libro que quería prestarle, un juego de ajedrez que había encontrado en el desván, una receta de galletas que su difunta esposa preparaba y que le apetecía compartir. Pero en realidad, iban tejiendo pequeños planes, travesuras diseñadas para poner a prueba la pacienci