Ignacio dormía profundamente, con el rostro relajado, libre de las arrugas de preocupación que solían marcarlo cuando estaba despierto. Parecía más joven, más liviano, como si durante esas horas hubiera dejado atrás el peso de sus responsabilidades, las sombras de Laura, la amenaza de Marcos, la presión de su abuelo. Vanessa lo observó en silencio, sintiendo una ternura que no había experimentado con nadie más. No era solo deseo. Era la certeza de que, a pesar de todo el caos que los rodeaba, é